¡Me caso!

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"Es que ya no quiero que seas mi novia, quiero que seas mi esposa, ¿te quieres casar conmigo?"

Bien dicen que las mujeres tenemos un sexto sentido: la intuición. Pues bien, yo no lo tenía muy claro, pero ese día sentía como que algo iba a pasar. No había ninguna fecha importante cerca, mi cumpleaños ya había pasado y hace algunas semanas Javier y yo habíamos celebrado nuestro primer año de andar.

Ese día nos la pasamos muy padre; fuimos a cenar a un restaurante mexicano, uno muy gourmet, la verdad es que a los dos nos encanta el buen comer. Luego nos ponemos a dieta o hacemos ejercicio pero eso de las cenitas juntos se nos da muy bien jajaja. Bueno, pues en teoría no tendría porque pasar nada en especial, pero yo seguía con una sensación rara, rara y buena.

Me arreglé como de costumbre y salí a la oficina donde trabajo medio tiempo porque todavía estoy estudiando, aunque ya casi acabo la carrera. Todo transcurrió como de rutina, con los pendientes de siempre, las llamadas y los mails. Lo raro empezó cuando noté que Javier no me había llamado en todo el día. Pensé que quizá estaría muy ocupado, así que decidí no molestarlo. Para en la tarde, cuando ya estaba en clases, le mandé un whatsapp preguntándole si todo estaba bien y me respondió que sí, pero muy seco, que por la noche iría a verme. Me preocupé.

Cerca de las 8 de la noche llegó Javi a la casa, muy serio y que quería hablar conmigo. Empezó a decirme que ya llevábamos un año juntos y que él quería hacer otras cosas, que sentía que andar de novios pues como que no. (Por un segundo, se me encogió el corazón y pensé: “¡Me va a cortar!”) Y en eso, continua:

“Es que ya no quiero que seas mi novia, quiero que seas mi esposa, ¿te quieres casar conmigo?”

¡No lo podía creer! Ahí, enfrente de mi casa, una noche como cualquier otra, sin esperármelo, Javi me estaba proponiendo matrimonio. No me di cuenta ni en qué momento sacó una cajita con un anillo dentro. Me dio un vuelco el corazón y lo abracé feliz de la vida.

Entonces, el preocupado fue él, porque me pregunto: “Eso quiere decir que sí, ¿verdad?” Le contesté que claro que sí, tomé el anillo y me lo puse en el anular izquierdo. Me quedó un poquito grande, pero bueno, no importa, supongo que se puede arreglar. Luego medio lo regañé por crear tanta expectativa, ¡el condenado! Pero, según él, eran los nervios.

Al final, logró sorprenderme y quedé fascinada. Así que, todavía no ponemos fecha, pero es un hecho… ¡me caso!

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