Primera llamada

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Ahora, tengo que empezar a cancelar servicios, hacer las cuentas de cuánto vamos a perder o cuánto podría recuperar, pero lo peor de otro es que tengo que hacer las llamadas para decirle a mis invitados que siempre no habrá boda.

No saben lo duro que ha sido enfrentarme a todo esto. A mí que me gusta tener las cosas en orden, el viaje de Javier ha trastornado por completo mis planes. Ahora, tengo que empezar a cancelar servicios, hacer las cuentas de cuánto vamos a perder o cuánto podría recuperar, pero lo peor de otro es que tengo que hacer las llamadas para decirle a mis invitados que siempre no habrá boda.

Casi en automático, le marqué a Sonia. Traté de prepararme, de ensayar un tono de voz sereno y alegre, pero mi amiga me conoce y descubrió que en el fondo estaba deshecha. Le expliqué que realmente no habíamos tenido mucho margen para negociar, que Javier se tenía que ir y que no tenía una fecha exacta de regreso. Claro, también le hice saber que en medio del dolor, me entusiasmaba la posibilidad de que se estableciera allá y que, un día, quizá yo fuera una esposa neoyorkina.

Ya luego volvió la tristeza y la vergüenza… en verdad, no quería tener que poner una cara larga frente a todos mis invitados, ni por teléfono, ni por mail, ni menos en persona.

“Amiga”, me dijo Sonia, “no tienes por qué estar haciendo esas llamadas incómodas. Pásame la lista con los  datos, yo le cancelo a todo mundo. No te preocupes”.

¡Qué alivio! En serio que el apoyo de Sonia me hizo sentir menos agobiada.

Al colgar el teléfono, subí a mi habitación para buscar la carpeta donde tengo toda la organización de mi boda, incluyendo la lista de invitados y su datos. Saqué el listado, lo revisé. Las facturas pagadas, mi agenda de boda y los recortes de ideas nupciales que junté en los últimos meses de pronto me parecieron archivos lejanos.

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